Un caso: la tienda que vendía sin carrito
Un fabricante peruano de envases para restaurantes y cafeterías. Ya tenían tienda en línea y llevaban años vendiendo. El encargo era «mejorar la tienda».
El diagnóstico fue que la tienda no era el problema. Al revisar su catálogo real aparecieron 498 variantes de precio, y la mitad eran producto personalizado: con el logo del cliente impreso. El sobreprecio por esa impresión no era un porcentaje fijo — iba de +9 % a +163 %, con mediana de +28 %, según producto y cantidad.
Cada venta real era un cálculo de producto × tamaño × cantidad × con o sin impresión × descuento × flete al destino. Un carrito no resuelve eso. Por eso todo terminaba cotizándose a mano, por WhatsApp, una por una.
La evidencia del costo no la puse yo. Estaba en su propio chat con un cliente:
«Todo bien con eso, pero te desapareces cuando te consulto algo y no hay respuestas.»
Lo que encontré y ellos no sabían
- Sus precios ya incluían IGV, y lo decían sus propios Términos y Condiciones. El cálculo inicial lo sumaba encima: de no detectarse, cada cotización habría salido 18 % más cara que su propia web.
- Una variante estaba publicada en S/ 0.00 en su tienda. Llevaba ahí sin que nadie lo notara.
- Su vendedor no podía saber si el cliente que iba a facturar seguía activo y habido en SUNAT sin salir a buscarlo a mano.
Qué se construyó
Un cotizador que recorre las 498 variantes y calcula por millar, con o sin logo, con descuento por línea y global, flete e IGV desagregado. Con roles —el vendedor cotiza pero no ve costos ni toca precios base—, PDF formal con su identidad, historial de cada cambio de precio con fecha y responsable, y embudo de cotizaciones con su tasa de cierre.
Y el autocompletado por RUC: escribes once dígitos y salen razón social y ciudad, con aviso si la empresa está de baja o no habida. Detrás hay 2,9 millones de empresas en un archivo de ancho fijo, resueltas con búsqueda binaria en disco: 22 saltos, 0 MB de memoria, sin base de datos. Instantáneo en una laptop cualquiera.
La decisión que más importó, y no es técnica
La primera versión corre en local. Sin nube, sin servidores, sin cuota mensual. El motivo: que lo vean funcionando con sus datos reales antes de gastar un sol en infraestructura. Si convence, se sube; si no, no se gastó nada.
El caso va sin nombre a propósito. Los números son los reales; la identidad del cliente es suya y no mía para publicarla.